SER & SER-ES ISLAS.
- Valentina
- 28 dic 2021
- 3 min de lectura
Actualizado: 14 abr

La vida nos pone maestros, aunque a veces no sepamos qué es lo que debemos aprender y eso, en muchas ocasiones, duele.
La vida es un juego entre ser maestros y alumnos que no termina, porque si bien a las personas hay que enseñarles, en ocasiones, también hay que aprenderles, y es por eso por lo que creo que este juego entre estos dos factores se puede utilizar para encontrar el equilibrio. Pero, ¡qué jodido es encontrar ese equilibrio!
Durante un tiempo pensé que esto era algo pasajero, algo propio de mi 2021. Hoy entiendo que no: siempre se trata de lo mismo. De ser alumnos de alguien y maestros de otros.
Por eso, me ha gustado llamarlos seres islas: de aquellos que no pueden permanecer por mucho tiempo por mas que los quieras a tu lado; con los que realmente ya no puedes estar porque te contaminan; de esos de los que hay que despedirse porque hacen daño; de los que deben emigrar hacia otro lugar, pero que siempre estarán en el corazón; seres que deben regresar a la isla porque la llenan de luz; o esos seres islas con los que se debe coincidir para que conecten con nuevos mundos y, por supuesto, de esos seres que nunca deben irse porque en definitiva hacen parte indisoluble de la isla para cuidarla, protegerla, edificarla y juntos poder ir conociendo otras islitas.
Las experiencias, años tras año, día tras día, nos llenan mucho crecimiento y productividad en todos los sentidos. Nos transforman. Nos Expanden. Nos rompen. Nos reconstuyen. Como los ciclones tropicales.
En el 2021, fue uno de los momentos en los que más pude despertar. Conocí lugares, personas increíbles, me llené de experiencias asombrosas; también pasé por cosas no tan chéveres, desagradables y fuertes, pero que sin lugar a duda entiendo, que a veces la tormenta hace parte del paisaje, que a veces los huracanes deben pasar porque hacen así es el ciclo natural de la vida, y que es una constante, entiendo que, en ocasiones, hay que destruir para poder remodelar y todo lo que me ha pasado me ha conllevado a todo lo que tengo, lo que soy y a lo que estoy en proceso de ser.
Hoy, al pie de un nuevo día, y de año tras año, sigo en esta aventura recorriendo destinos desconocidos, siendo maestra y alumna, conociendo a mis maestros y sabiendo que tarde o temprano – y quizá más pronto de lo que espero – estaré en el punto de equilibrio que la vida me tiene guardado, algo mas grande de lo que nunca imaginé me esta esperando gracias a cada isla que visito y de la que me despido con gratitud y libertad, reconociendo que cada ser que conozco y me relaciono es una experiencia única que abre y cierra un ciclo. Que contribuirá ahora o en otro momento de la vida. Algunas para quedarse, otras para enseñarte, y así; y que podrá ser una isla volcánica, desértica, tropical, cubierta de hielo, llena de selva exuberante, algunas con sobre población y otras totalmente deshabitadas. Pero todas, absolutamente todas, con una misión en el mapa de nuestra vida.
Por eso, ser es como una Isla: hay que decir adiós cuando pasan los huracanes; por eso, hay que cuidar a las personas que nos protegen y nos quieren; para poder seguir creciendo, aunque duela un montón crecer.
Así que me doy cuenta que en realidad la palabra ISLA es un código de vida:
I — Identidad propia. En cada encuentro y en cada despedida, no te pierdas. Ser isla es recordar quién eres, incluso cuando compartes territorio con otros.
S — Saber soltar / Santuario interno. No todas las islas son para quedarse. Algunas se visitan, se agradecen y se dejan ir. Y en medio de todo, construyes dentro de ti un lugar al que siempre puedes volver.
L — Límites claros. Hay islas que nutren y otras que desgastan. Tus orillas existen para elegir hasta dónde llega el otro sin invadir lo que eres.
A — Aprendizaje continuo / Autosuficiencia. Cada isla deja algo en ti: una lección, una memoria, una transformación. Aprendes a crecer con lo que llega y también con lo que se va.




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